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AUTOR:CESAR CASTRO PORTO
FECHA CUANTICA:2009_FEBRERO_21. NUMERO YZ:8
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   Lamentablemente voy a tener que escribir de mi, porque estoy
implicado en la serie de asesinatos que relato a continuación.
   Los hechos ocurren en la ciudad que cito al final del relato.
Tengo una parentela larga, no por número sino en razón a las
 actuaciones que despistaron mi comprensión de la verdad. Empezaron
llamándome Mario, luego Andrés, Juan y César, pero el colegio
en el que ingresé a los 5 años no admitió mi nombre y hubo de
añadírseme el segundo Darío, con lo que definitivamente me llamo
César Darío, sin que ello sea obstáculo para caracterizarme en
internet con diversos apelativos más o menos imaginativos.
El colegio era de pago y teníamos los alumnos de primero una
maestra extraña y disciplinaria, histriónica y luego quedó
claro que violenta, porque me pegó un bofetón.
Estábamos toda la clase escribiendo un examen y yo sentí un miedo
enorme mirando a la maestra, se me ocurría que era una asesina
disfrazada de profesora, que mataba abuelos y abuelas en un bingo
de la muerte en el que se sorteaba una serie de regalos para quienes
cantaban línea, y para quienes cantaban Bingo. Quien cantaba línea
o Bingo tenía que coger un papel doblado de un plato sopero con
 muchos papeles doblados que contenían escrito con bolígrafo el
premio a que se optaba. Pero la Organización sólo premia con una
palabra: "MUERTE". Por eso se dio en llamar "el bingo de la muerte
de la Maestra que fue al asilo con una idea original"
El Bingo a que me refiero se ejecutaba en Otoño en el asilo de
ancianos de la ciudad, y pocos sabían que allí se asesinaba a los
viejos y viejas pobres que eran abandonados y abandonadas por sus
familiares y parientes al ocaso de sus vidas, a la ingrata suerte
de morir torturados y atormentadas bajo la sátira atroz de unas
monjas y personal sanitario cuya ambición era y es producir opio
de gran calidad y otros productos para cuya fabricación el
Laboratorio no conocía otra forma de fabricación barata que usar
carne humana y huesos humanos de ancianos asesinados a tal final
triste e inhumano.
 Mi madre y mi tía Carmencita principalmente, porque mi padre
siempre se opuso, y mi padre secundariamente, porque en realidad
nunca se opuso firmemente, me metieron en la Tuna del colegio a
aquella temprana edad de 5 años, donde fui rechazado hasta los 13,
año en que comienzan los hechos que he empezado a relatar.
A los cinco años, aquella maestra me pegó un bofetón porque yo
estaba haciendo el examen después de escribir en el verdadero papel
del examen la tétrica historia del Bingo en una horrible intuición
que sería el comienzo de aquello. Cuando terminé de escribir el
relato del bingo de la muerte, comencé a hacer el examen de lengua
asustado y sin apenas tiempo tras decir a la asesina que quería
pasar a limpio mi escrito pues tenía varios tachones y aún disponía
de tiempo para ello. Ella, impía, accedió y allí estaba yo cuan
apurado puede estarlo un niño de cinco años haciendo el examen
nervioso porque habría de guardar el relato del bingo sin ser visto
y habría de terminar de "pasar a limpio", o sea hacer el verdadero
examen para entregar a tiempo. Aquello no pudo ser y cuando terminó
el tiempo de acción para escribir y advirtió la maestra para recoger
los ejercicios me vi forzado a guardar el relato en la mesa y,
sorprendiéndome, ella se acercó, me lo arrebató y me arrebató el
examen a medio hacer y, sin reflexión, me propinó un bofetón
austero e implacable. Sentí terror, lloré brevemente y la odié
por siempre, aún hoy la odio, oh, zorra impía. Luego de aquella
bofetada se sucedieron unos hechos extraños en la clase, el
coordinador de primera etapa sacaba del aula a alumnos habladores
y les propinaba, eso creía yo, tremendos golpes contra las paredes.
Pero era otro el hecho, creaba confusión para la clase con golpes
abiertos a las paredes para simular violencia y crear risas en los
estudiantes. Con ello ocultaba el bofetón de la profesora a un
niño de cinco años, el bofetón que me propinó a mi. También
contrataron un profesor de inglés que nos loqueaba con sus
jeroglíficos impronunciables, y nos daban a beber un vaso de leche
que contenía cierta sustancia que nos emborrachaba... oh, triste
insulto a mi inteligencia, sólo mi vaso de leche contenía el veneno,
porque era a mi a quien habían propinado la bofetada y era el
veneno lo que callaba mi boca y me impedía pensar. Durante dos
años la clase de inglés fue un suplicio porque en esa clase era
en la que nos obligaban a beber aquella leche venenosa. Por supuesto
aquella evaluación suspendí lengua. Pero grabé en mi memoria todo
cuanto fui capaz de grabar, incluidos dos bolsos de cuero uno
marrón oscuro y uno marrón claro. El bolso marrón oscuro era el
que aquella pécora traía a diario, y el bolso marrón claro era el
que vi el día en que sus ojos brillaron como espuelas a la luz de
 la luna con un canto de victoria. Creía la hirviente que aquello
era mi final, que se me había olvidado la verdad, que el episodio
que sacudía el colegio y empañaba la transparencia de la vida
social quedaría borrado de la historia y el niño burlado por la
crítica social de unos compañeros a quienes el coordinador
gastaba copiosas bromas simpáticas mientras golpeaba por el exterior
 las paredes del aula con patadas y palmazos. ¡Qué miedo atroz
me acosaba, la violencia era en mi la dura y triste realidad, le
pegaban a otros compañeros de clase, y no podíamos hacer nada para
impedir la violencia de cada día, ni el veneno que tenía la leche
de las clases de inglés! Y me fueron creando fama de odioso,
 malpensado y asesino, debido a: mis borracheras en inglés, imaginarme
que me habían dado un bofetón, y querer matar a los ancianitos.
Aquello no terminaría así, era mi obligación rescatar la verdad y
hacer salir a la luz los hechos.
   Cuando a los 13 años me admitieron en la Tuna, luego de años de
ostracismo en una casona destartalada y fría junto a un compañero
solidario con mi desgracia mientras aprendíamos malamente
inútiles canciones con nuestras guitarras, tuvimos la oportunidad
de hacer una actuación. ¡Qué horror! Fuimos a un asilo y allí me
acordé del bingo de la muerte, tenía 13 años, pero llevaba conmigo
una tiza y mi afán investigador. Me separé del grupo y observé un
 jardín donde había un andamio sin obreros y me llamó la atención
que mientras miraba las formas de los setos del jardín de aquel
patio cruzó un pasillo interior ella, la impía, la maestra de cuando
yo tenía cinco años, oh terror, oh. Y volví mis ojos sin miedo hacia
los setos. Reconocí un área de unos cuatro metros cuadrados que no
 tenía seto y se me ocurrió que allí enterraría yo cualquier
problema si me veía en un serio apuro. Y continué mi observación.
No había obreros, y sí una pala cuadrada de albañil para alisar
yeso en los perfiles de pared. Tenía yeso, y eso me llamó mucho la
 atención. Lo que realmente vi fue a un hombre con la paleta, en
efecto, vi dos esqueletos en la televisión esta semana, una vez más,
porque han emitido varias veces esa imagen en los últimos años,
y he sentido todo aquel odio y un gran temor. Los esqueletos de la
imagen están en un foso poco profundo, uno un poco más largo que el
segundo, y el largo tiene el cráneo perforado en el lado izquierdo.
Esa fotografía forma parte del archivo de TVE, ante eso no cabe
súplica. Así pues, un hombre bajo y una mujer aún menos alta,
desenterrados. Habida cuenta de las deformaciones visuales, esta
 es la primera prueba de los asesinatos. Él es el abuelo, simpático,
aventurero en la ocasión, y ella es la tía-abuela, oprimida por
una dolencia provocada por la ingestión del mismo líquido que me tuvo atado al oprobio en las clases de inglés cuando era yo un
niño. También les daban a los ancianos y ancianas digital estando muy
delgadas, passionaria digital suministrada durante largos períodos
con la intención de matar médicamente de la maestra que pasaba por
 allí y de las monjas asesinas todas ellas. El problema de la
 ingestión de digital es el alucinatorio del líquido que iba en la
leche en ambos casos, cuando yo tenía cinco, y cuando mataron a
la tia-abuela y al abuelo-adoptado, a los dos los mataron,  adoptado
por la familia Sousa.
  Allí estaba el jardín de donde desenterraron a los dos muertos
asesinados, la tia-abuela Torres y el abuelo-adoptado Sousa. En el
patio del asilo de ancianos de San Marcos de la ciudad que revelo
más abajo.
Preguntas: ¿por qué el abuelo-adoptado Sousa tenía perforado el
cráneo en el lado izquierdo? Porque las monjas le habían dejado
salir del pavellón masculino al dejar abierta la puerta de acceso
al pavellón femenino de forma que pareciera casual. Él, lúcido,
encontró la ocasión y cruzó al pavellón femenino, encontrando el
andamio sin obreros en el patio, cogió de una ventana la paleta
dispuesta por las asesinas sin yeso, y entró en las habitaciones
vacías hasta que encontró a la tía-abuela Torres, que había tomado
la leche con veneno alucinógeno, y se asustó él de verla tan
esquelética y desquiciada. Se acercó a ella compasivo, hizo bromas
hasta hacerla reír, e incluso cuando se vio incapaz de conseguirlo
pues ella estaba tremendamente dopada, se manchó la cara en el
lado izquierdo con yeso, cosa que estaba prevista, y viendo el
horror que cometían con la mujer, a la que desconocía pero de la
que tenía subconscientes referencias por ser del mismo pueblo que
él, gallegos los dos de "sempre", digo, se dio con la paleta en
la sien izquierda haciendo un gesto de horror-humor para sí, y
salió asustado para recorrer hasta la salida los pasillos y desde
la puerta escapar del matadero-asilo. En la puerta, y puesto que
no había obreros salvo él, fue descubierto y peleó fieramente
con varios tunos que estaban prevenidos al efecto, no yo, que
 nunca fui informado de que aquella tuna llevaba esbirros y que
participaba en ella incauto en aquel aspecto. Lo detuvieron para
devolverlo a su pabellón los tunos.

En este punto comienza el aspecto del caso que me involucra a mi, y
es pues preciso mezclar otra parte de la historia, que no es la
última ni la menos obvia.
   El día de septiembre de la actuación corría el año 1986 y se
trataba de una actuación de prueba, eso dijeron, y ocasión ideal
para algo extraordinario. La hiesa verdad es la muerte de aquellos
dos ancianos.
   Mi padre estaba disfrutando de un apasionado período de amor con
 una mujer, Rosa, que no es mi madre, y que disfruta del sexo, algo
que pude comprobar yo mismo cuando coincidí con ella en otra
ocasión y fui seducido. Disfruté mucho con ella, y observé que tenía
las manos heridas de ácido, lo cual no es posible con mera legía,
sino con verdadero ácido sulfúrico de decantación de cadáveres.
Ella, una mujer genial, fue invitada por Fernando, de la casa en
que trabajaba como ayudante y amiga, a un laboratorio de química
que hay en la ciudad, laboratorio que es bien conocido pero que
está resguardado de curiosos dentro de las inmediaciones de un
colegio, otro que el que yo conocí, de la ciudad. En el laboratorio
ella, sensible y decidida metió ambas manos en una cubeta de ácido
transparente durante la observación del lugar que les enseñaba
a los amigos de Fernando y a él mismo uno de los fundadores de la
ciudad actual como la conocemos los jóvenes ya medio  adulto que
somos los que en aquellas fechas éramos compañeros de colegio.
Fernando contó cómo Rosa metió las manos en ácido aquella mañana
aciaga. Lo contó en clase para dejar constancia de que la mujer se
había puesto a llorar porque había hecho algo malo y se había
puesto a pedir perdón con gran tristeza y lamento, cosa que a
Fernando no dejó indiferente, y que le costó a la pareja sexual de
ella la relación. Aquello provocó la ira del hombre y muchos
estudiantes lo pudimos ver cuando el ex- de Rosi de aquella ocasión
saltó hecho una furia insultando a los estudiantes del colegio,
detrás del hermano de Fernando, ambos sabían que Rosi era muy
sensible pero era tanto o más decidida. Solía tener varios amantes,
era su forma de disfrutar del género masculino. Aún lo es. Es una
mujer increíble, pero aquel día que hirió sus manos, le dieron
un frasco de regalo de aquel laboratorio, un frasco que contenía
la muerte. Ella le dio el frasco a mi padre, su otro amante del
momento, incapaz de creer que contenía magia pues se había quemado
las manos con un líquido que parecía agua en el laboratorio aquel
dia que allí dentro hacía tanto calor. Ella quería refrescarse un
poco el cuello. Mi padre recibió el frasco y corría el mes de
septiembre de 1986. Yo tenía mi primera actuación con la Tuna y mi
padre lo recibió tras mostrarse incrédulo con su amante, Rosi, de
que aquel líquido "era algo malo" Ella se lo dio deshaciéndose
del veneno, y él me lo dio  a mi, su hijo, en mi dia de primera
actuación como tuno, deshaciéndose de él, del líquido, y dando
a su hijo un "juego de mayores", cosa que a mi me agradó. Yo metí
en un bolsillo el frasco y lo llevé como algo bueno, como un
medicamento o algo así, con mis trece años, a mi actuación de tuno
y con la idea de hacer algo, una travesura, con ello.Y surgió
la ocasión cuando... el abuelo-adoptado personado en la salida del
asilo fue detenido por los tunos-esbirros que sabían que no había
ningún obrero trabajando, y quisieron darle un medicamento. Para
relajarlo. De algún modo, o por un motivo para mi desconocido una
chica, Marta, de piel negra, pasó a mi lado durante el escándalo
en el que se detenía al abuelo-adoptado y en mi reconocible actitud
 investigadora le cuestioné a ella, a Marta, ¿qué sucede?
  Ella a su vez inquirió: Necesito un medicamento, trabajo aquí,
¿tienes un medicamento? Yo, en mi gran ocasión, saqué del bolsillo
el frasco y se lo di a Marta, la chica de piel negra. La advertí
de que no sabía qué era, y de que era BUENO. Eso dijo mi padre. La
palabra "bueno" activó su alma africana, me encuadró como médico
y llevó la solución al problema de las monjas. "Uno de los tunos
me dio este medicamento para el obrero" Yo salía del patio donde
observaba la situación y oyendo el escándalo recién entraba de
nuevo para reunirme con mis compañeros tunos. El que yo llevara el
frasco fue reconocido por unos como "un esbirro más" y por el
personal del asilo como "tuno precavido vale por dos", entre ellos
por la chica africana, ingenua y nueva en el trabajo, acabada
de salir de la cárcel donde guardan nuestras autoridades a la
población inmigrante que no es capaz de poner a trabajar el
gobierno que sufrimos desde hace decenas de años. Así pues le
dieron el medicamento al abuelo Sousa y eso fue la causa de su
muerte. Más tarde sería enterrado junto a la tía-abuela Torres
en el hueco cavado al efecto dentro del jardín del patio donde
cabía la ocasión de deshacerse de un aprieto serio, justo en los
cuatro metros cuadrados sin seto del patio. Lugar donde más tarde
fue descubierto los dos cadáveres de la fotografía de TVE. Marta, que así he dicho que era el nombre de la inmigrante, oyó el
relato del abuelo-adoptado cuando le suministró el medicamento. Él
quería escapar porque a la tía-abuela Torres la estaban envenenando.
En efecto, la estaban envenenando. Pero además ella, Marta, fue
testigo de como murieron varias ancianas en horrorosa escena en
aquel asilo en razón de su posición de inmigrante, y denunció
ante cuantos supo hacer la pútrida realidad de la ciudad respecto
de los ancianos sin dinero ahorrado. Esa fue la razón de que el
personal de la cárcel la denostara y le diera un permiso la semana
pasada mientras se emite durante toda la semana un reportaje acerca
de una chica Marta asesinada. Las autoridades fabrican un cortejo
de terror para que no se atreva a hablar y para descalificarla
en cuanto abra la boca. Toda esta semana se ha hablado de la
chica asesinada, Marta. En efecto ayer he coincidido con ella en
la calle y aunque no nos hemos puesto a hablar ella estaba muy
desconsolada por cuanto pude ver de su figura. Ella fue quien puso
en boca del abuelo-adoptado el artefacto de muerte que yo de di,
recibido de mi padre, de manos de Rosi, regalo de uno de los
fundadores de la actual ciudad, tras meter sus manos ella, Rosi, en
ácido de decantar los cadáveres que produce el asilo de ancianos por
método recogido en el libro sinófilo-de chino- de la Universidad.
Lo que no se dice en el libro, pesen los avisos, es que se trata de
 métodos de emergencia, pues el ácido para producir opio de gran
calidad y cocaína para el hospital de la ciudad se puede obtener
de heces humanas, salvo endogamia propositiva, y el fósforo que se
precisa puede obtenerse de conchas marinas ya obviando que no se ha
de usar huesos humanos. Vicios tiene el degenerado que no reconoce
el ser humano.

Siguiente pregunta:¿qué vincula a la maestra?
  Ella lleva muchos años de madurez y sabe reconocer los efectos
del uso del ácido y del fósforo de los cadáveres. En efecto,
 desarrolló personalidad múltiple como uno de esos efectos, reconoció
las ofertas de la física cuántica en las fechas, y aspiraba a la
vida sin fin que reconocía en uno de los profesores de primaria,
hombre que lleva sin envejecer más de treinta años. La aspiración
de vida eterna quemaba en su pecho, y el colegio tenía el vínculo
de la tuna para controlar a los ancianos rebeldes a la muerte. Ella
había hecho su contribución al grupo de asesinos del bien común
de quienes se juntaban entorno a destruir vidas y aprovechar la
vieja sinología que guarda la Universidad. El laboratorio es la
causa de la muerte de los ancianos sin ahorros y la razón del
opio, cocaína y demás productos y venenos que corrompen a las
autoridades de la ciudad, a los que he llamado fundadores. Una más,
la maestra templaba sus nervios pegándome a mis 5 años, y vigilaba,
ahí la prueba jurídica del caso, la acción en el asilo y mis
acciones durante aquella primera actuación. Yo era el vínculo
que ella tenía con el caso. Yo podría recordar algo. Eso, que yo
podría recordar algo de aquella primera intuición durante aquel
examen la empujó a verme burlado olvidadas las viejas fechorías
mientras actuaba con la Tuna. Por eso fue al asilo aquel día de
septiembre de 1986.

Siguiente pregunta: ¿hay más asesinos que la maestra?

Quienes se benefician de esos productos sin causa médica y quienes
consienten que se usen cadáveres humanos. En el asilo ataban a los
ancianos y ancianas, los amedrentaban y les pegaban. Las monjas
sabían de la decantación humana, y consentían. Ellas son tan
culpables como quienes llevan el laboratorio, las monjas del
colegio Las Huérfanas, ahí está el laboratorio, y quienes imprimen
 a esas actividades un carácter civil, los elegidos de la ciudad,
 empresarios, políticos, y jóvenes chantajeados con la ética
pseudoprotestante de justificar en la explotación de los pobres
la riqueza terrena, oh dioses del Olimpo. ¡Crímenes en la Iglesia!
¡Pútridas monjas asesinas, álabes de la muerte, trituradores de
cadáveres! ¿Es esa la custodia de la guerra?, ¿esa es vuestra
credencial? Caigo en la fosa de la sangre eterna y veo a esos que
se pretenden animales cuando son vampiros, son criminales, ¡la
 cárcel os dará vuestro castigo!

Siguiente pregunta: ¿qué relación tiene la física cuántica al caso?

Los productos citados aceleran la cognición y la comprensión del
tiempo se desvirtúa dándose el caso de personas(indigno nombre
para tal canalla) que se encuentran a si mismas y, -eso es lo
notable-, se reconocen en otro.a, se hablan, se relacionan, llegan
a ser vecinos de si mismos. Múltiplemente. Así la maestra fue
enterrada tras una grave enfermedad y sigue viva con otro nombre y
la misma personalidad canalla, desvinculada de los crímenes que
cometió.¡Cumplirá mil años el próximo otoño! Se extienden como una
plaga y exterminan la vida por donde van, matando sin escrúpulos
y amparados.as en la autoridad que da el chantaje y los puestos
directivos de la ciudad.

Siguiente pregunta: ¿qué relación tiene eso con Usted?
  Esa gente necesita muertos en cantidades exactas cada año, y
mata cazando. Yo tengo aviso de captura en la Policía Local. Vienen
a por mí. El hecho de que esos productos aceleran la cognición
hace de ambiciosos padres y estudiantes homicidas y animales
trepadores a los puestos más destacados de las Academias, las
cuales se ven desbordadas de productos intelectuales y de
investigación que justifican esas muertes. La tradición dicta
los crímenes con la precisión de un reloj. Olímpicos, Premios
Literarios y Científicos. Y más. La estafa de 300 millones de
euros/año de la que tendré ocasión de hablar y que es consecuencia
de los métodos expeditivos y criminales de esa gente sectaria
que continuamente está en acción seduciendo y logrando
adeptos. Se está bastante sólo cuando la juventud exige una parte
del botín criminal de sus mayores. Cuando la encarnizada pelea
tiene lugar cada día en cada edificio del vecindario. Cuando tu
puesto de trabajo, cuando se da extensos ingresos a quienes
consienten y se expulsa y denigra a quienes denuncian.

Santiago de Compostela, febrero de 2009.

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